La historia es la boca abierta del pasado.
Donde se anidan los recuerdos,
donde se escuchan los ecos
de nuestros antepasados.
La historia es un puente
a través del tiempo
martes, 31 de enero de 2012
jueves, 27 de octubre de 2011
Poema de la llegada
Autor: Armando Rojas Guardia
Cuando tú vienes
tú el vacío el nada el ya.
el que yo no sé su nombre
ni interesa
cuando tu vienes
me siento perder voz
me seco de palabras
sueno
simplemente
como tú
sin queja sin golpe
sin crujidos
sueno como tú
Cuando tú vienes
tengo prisa
por decir
por llamarte de algún modo
por nombrarme
a mi también
para al fín reconocerme
en tu presencia
me abalanzo precipito
sacudo la quietud
mancho lo limpio
todo es tan vacío tan gota
inaprehensible
tan exactamente nada
tan silencio
Cuando tú vienes
abro ensancho acojo
me dilato
no sé decir
sino que abro
inútiles clausuras
Tú en el canto
tú el silbo el suave el que no pesas
vuelves hilos levísimos
mis nudos
me desatas
Cuando tú vienes
nada dices
y me dices
Nada pides
Qué vas a ser tú el implacable
el exterminador, el Enemigo
Nada pides
eres
Sólo oigo como eres
sólo oigo como soy
y quiero
ser
así eso que escucho
me abandono
Cuando tú vienes
hay una exacta coincidencia
te miro
en lo profundo
de aquello que deseo
qué mentira
qué imposible
qué estúpido
querer lo que no quieres
querer lo que no quiero
y entonces
ya no es sino la paz
la precisa ubicación
el ser escueto
Cuando tú vienes
no has venido
estás ya desde siempre
Cuando tú vienes
tú el vacío el nada el ya.
el que yo no sé su nombre
ni interesa
cuando tu vienes
me siento perder voz
me seco de palabras
sueno
simplemente
como tú
sin queja sin golpe
sin crujidos
sueno como tú
Cuando tú vienes
tengo prisa
por decir
por llamarte de algún modo
por nombrarme
a mi también
para al fín reconocerme
en tu presencia
me abalanzo precipito
sacudo la quietud
mancho lo limpio
todo es tan vacío tan gota
inaprehensible
tan exactamente nada
tan silencio
Cuando tú vienes
abro ensancho acojo
me dilato
no sé decir
sino que abro
inútiles clausuras
Tú en el canto
tú el silbo el suave el que no pesas
vuelves hilos levísimos
mis nudos
me desatas
Cuando tú vienes
nada dices
y me dices
Nada pides
Qué vas a ser tú el implacable
el exterminador, el Enemigo
Nada pides
eres
Sólo oigo como eres
sólo oigo como soy
y quiero
ser
así eso que escucho
me abandono
Cuando tú vienes
hay una exacta coincidencia
te miro
en lo profundo
de aquello que deseo
qué mentira
qué imposible
qué estúpido
querer lo que no quieres
querer lo que no quiero
y entonces
ya no es sino la paz
la precisa ubicación
el ser escueto
Cuando tú vienes
no has venido
estás ya desde siempre
Recuerdo I
Autor: Vladimir Holan Traducción: Clara Janés
El sol caía sobre el estercolero
como la lámpara de oficina
que antes de apagarse
lanza aún desde lo alto un resplandor
sobre la pobre acacia de la calle
junto a la fuente del pueblo había una chica
era hermosa. Me puse a hablar con ella
parecía como agradecida,
cada una de mis palabras
era para ella una invitación a no ser solamente de este mundo.
No sabía nada, ni siquiera que la desnudez
puede permanecer hasta tal punto vestida
que solamente los trajes la desnudan.
Se reía y jugaba con el anillo y tosía un poco.
Y siendo lo cotidiano tan misterioso
que acababa por no ser,
necesitaba que la besaran para ser más misteriosa.
Pero cuando más tarde le pregunté
el camino hacia el pueblo más cercano
me dio una dirección equivocada
En verdad: la presencia no es sólo del presente.
El sol caía sobre el estercolero
como la lámpara de oficina
que antes de apagarse
lanza aún desde lo alto un resplandor
sobre la pobre acacia de la calle
junto a la fuente del pueblo había una chica
era hermosa. Me puse a hablar con ella
parecía como agradecida,
cada una de mis palabras
era para ella una invitación a no ser solamente de este mundo.
No sabía nada, ni siquiera que la desnudez
puede permanecer hasta tal punto vestida
que solamente los trajes la desnudan.
Se reía y jugaba con el anillo y tosía un poco.
Y siendo lo cotidiano tan misterioso
que acababa por no ser,
necesitaba que la besaran para ser más misteriosa.
Pero cuando más tarde le pregunté
el camino hacia el pueblo más cercano
me dio una dirección equivocada
En verdad: la presencia no es sólo del presente.
Soneto de abril
Autor: Lêdo Ivo
Ahora cuando es abril y el mar se ausenta,
secándose en sí mismo como un llanto,
veo que el amor que te dedico aumenta
siguiendo el rastro de mi propio espanto.
En mí, espíritu presenta
todas las sugestiones de un dulce encanto
que en mi fuente no se reseca
por no ser fuente de agua, mas sí de canto.
Ahora que es abril y van a morir
las hermosas canciones de otros meses,
así te quiero, aunque te escondas:
amarte una vez todas las veces
porque soy carne y gesto, y fenecer
como una voz llamada por las olas.
Ahora cuando es abril y el mar se ausenta,
secándose en sí mismo como un llanto,
veo que el amor que te dedico aumenta
siguiendo el rastro de mi propio espanto.
En mí, espíritu presenta
todas las sugestiones de un dulce encanto
que en mi fuente no se reseca
por no ser fuente de agua, mas sí de canto.
Ahora que es abril y van a morir
las hermosas canciones de otros meses,
así te quiero, aunque te escondas:
amarte una vez todas las veces
porque soy carne y gesto, y fenecer
como una voz llamada por las olas.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Vengo de un reino extraño...
Autor: Rafael Cadenas
Vengo de un reino extraño,
vengo de una isla iluminada,
vengo de los ojos de una mujer.
Desciendo por el día pesadamente.
Música perdida me acompaña.
Una pupila cargadora de frutas
se adentra en lo que ve.
Mi fortaleza,
mi última línea,
mi frontera con el vacío
ha caído hoy.
Vengo de un reino extraño,
vengo de una isla iluminada,
vengo de los ojos de una mujer.
Desciendo por el día pesadamente.
Música perdida me acompaña.
Una pupila cargadora de frutas
se adentra en lo que ve.
Mi fortaleza,
mi última línea,
mi frontera con el vacío
ha caído hoy.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Y te sabes callar
Autora: Mayola Díaz
Y te sabes callar
cuando el silencio
no borra
lo que ya dijimos.
Y te sabes fundir
cuando la nión
no borra
lo que ahora sentimos.
Y te sabes marchar
cuando un instante
tuyo
destruyera el vacío.
Y te sabes borrar,
¡qué silencio y qué abismo!
Y te sabes callar
cuando el silencio
no borra
lo que ya dijimos.
Y te sabes fundir
cuando la nión
no borra
lo que ahora sentimos.
Y te sabes marchar
cuando un instante
tuyo
destruyera el vacío.
Y te sabes borrar,
¡qué silencio y qué abismo!
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